Un documental silencioso, austero, casi sin palabras. Una reflexión sobre la vida, la esencia y la atmósfera que rodea a un gran grupo de enfermos y personas discapacitadas que viven en el Cottolengo de Barcelona. Sin demasiadas explicaciones, Javier y Santiago, dos activistas que conviven con los acogidos durante las 24 horas del día desde hace años, nos introducen en lo más puro de la vida humana: ayudar a los demas. Sin darse importancia, sin reglas, aceptando su impotencia, cada uno a su manera, nos regalan cincuenta minutos que reivindican la paz. La paz en el lugar más insospechado de encontrarla. ¿Qué se puede esperar de un sitio en donde solo hay enfermedad y sufrimiento…?


A principios del año 2017, me fuí a vivir al Cottolengo de Barcelona. Aquella noche tardé bastante rato en dormirme. Oí a los muchachos acogidos, que dormían en el piso de abajo, con sus voces y sus cánticos, despedir el día. Oí a Javier y a Santiago preguntarse entre ellos cuál iba a ser el fin del documental que traía yo en la cabeza…Tres meses después el documental estaba acabado. Y de nuevo hoy oigo las risas y los cánticos de aquellos muchachos. Abro un instante los ojos…¿Pero qué es aquello?, es una pregunta, de verdad, que todavía me hago y creo que no tengo respuestas…El Cottolengo de Barcelona es algo desconocido, desde luego, algo que abres una puerta y crees verlo en su totalidad. Cuando abres la segunda puerta, ya no estás tan seguro de lo que ves.